Al final, y a pesar de todo el pesimismo y frustración acumulada estos días, el resultado de la carrera de China ha sido el mejor de los que podíamos esperar.
Tras una primera mitad de carrera dominada por Hamilton, y marcada por los chubascos dispersos que han mojado la pista en un par de ocasiones, la estrategia de uso de los neumáticos ha sido decisiva.
Pero vallamos desde el principio. Con una salida limpia, Fernando casi conseguía pasar a Massa, si bien éste se la devolvía y todo quedaba como salían. A partir de ahí, y hasta la primera parada, todo tranquilo. Hamilton decidía no vambiar neumáticos, ya que había previsión de que volvería a llover -cosa que al final no pasó- y marcaba la estrategia de todos los demás, que le imitaban unas vueltas más tarde.
Finalmente, la pista se secó y empezó a devorar goma, siemdo el británico el más perjudicado, ya que en la vuelta 31, en la que empezó a perder ritmo con los neumáticos destrozados, y en la entrada en boxes se fue a la grava sin posibilidad de salir -y esta vez no había grua-
Alonso conseguía adelantar a Massa en la primera parada, y conservó mucho mejor sus neumáticos consiguiendo una segunda posición final que puede saber a gloria.
Raikkonen fue el ganador, metiéndose en la pelea por el mundial, configurando un resultado final que favorece los intereses de Alonso, ya que las diferencias son tan escasas, que no pueden arriesgar no darlo todo a sus dos pilotos.
Ahora tenemos dos semanas más de declaraciones, presión lanzada de un lado a otro, y más indefinición en el mercado de pilotos, ya que hasta que no se decida el campeonato nada se hará público.

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